
Campoalegre es uno de los municipios que conforman la zona norte del Departamento de Huila en la región andina de Colombia. La municipalidad se alza sobre el majestuoso relieve de los andes colombianos, entre el piedemonte de la cordillera oriental y la margen derecha del Alto Magdalena.
Está ubicado a tan solo treinta kilómetros de distancia de la ciudad de Neiva, - capital del Departamento -, es un punto clave para el desarrollo de la región y sus habitantes derivan el sustento principalmente de las labores agrícolas.
Sobresale el arroz como principal fuente de ingreso, por lo que el municipio se reconoce como capital arrocera del Huila, epicentro de una próspera actividad agroindustrial, que posee los más tecnificados molinos del país.

También existe una naciente industria de café molido de calidad excelsa, derivado de algunas siembras en la parte cordillerana; otros productos son cacao, maíz y en menor escala actividades de piscicultura, ganadería, la minería informal de cantera y un naciente sector turístico.
Sus aproximados 33 mil habitantes, disfrutan los tres pisos térmicos frío, medio y cálido, en extensiones que abarcan zonas cordilleranas y calientes llanos ribereños.

En este territorio confluye una rica biodiversidad; en la parte más alta está el parque natural la Siberia, estrella fluvial donde se originan numerosos afluentes del río Caguán. Allí habitan especies de fauna silvestre como el oso andino, la danta, tigrillos, zorros, monos, sin contar la gran variedad de avifauna que se distribuye en las vastas extensiones boscosas, plenas de Caracolíes, Dindes, Iguás, Guamos, Totumos e incontables especies de flora nativa.

En las tierras bajas, el límite municipal llega hasta la confluencia entre los ríos Magdalena y Yaguará. Allí se concentra el embalse de Betania, inmenso espejo de agua que surte energía eléctrica a gran parte del territorio colombiano.
Aunque es un territorio intervenido por las diversas actividades económicas, en estos valles calientes se encuentran reductos de los bosques secos tropicales, contando con abundantes especies de avifauna, reptiles, sendas fuentes de agua con especies piscícolas y exuberante flora nativa.

Paradójicamente, a pesar de sus riquezas naturales y medio ambientales, en este municipio, al igual que en muchas poblaciones de Colombia, existen problemáticas sociales derivadas de los efectos adversos de la desigualdad, la falta de oportunidades y la errática distribución de riqueza.
El casco urbano es receptor de flujos poblacionales que se desplazan continuamente desde el campo y otros municipios vecinos, en busca de nuevas oportunidades.
En 1968 Campoalegre fue epicentro de la reforma agraria, política estatal que entregaba parcelas a trabajadores que laboraban con terratenientes, en un intento por mejorar las condiciones de distribución de la tierra.

Esta parcelación se hizo mediante el otorgamiento de créditos a los campesinos para financiar la compra de terreno y la fase inicial de producción, a través del INCORA.
Esta política trajo bonanza momentánea a los campesinos en la década de los 70. Cuentan que muchos de ellos pasaron de ganar 120 pesos a lo sumo en la semana, a tener en sus manos hasta cincuenta mil pesos (provenientes de los créditos otorgados por el Gobierno), que derrocharon en un santiamén en las cantinas del pueblo.
Otros no lograron la productividad esperada y con el tiempo se vieron obligados a vender sus parcelas, para saldar las deudas con los bancos. Entre tanto, otros campesinos decidieron invadir algunos terrenos baldíos. Al final, la política estatal falló y la anhelada reforma agraria no llegó a buen término.
Hoy en día el sistema productivo dominante deriva principalmente de las molineras del arroz, monopolio al rededor del cual gira un sinnúmero de pequeños productores, quienes surten el grano para su posterior tratamiento, empaque y distribución, mediante procesos tecnificados.
En su historia reciente, el municipio sufrió destellos de violencia, por la presencia de actores armados en su territorio (como el grupo guerrillero de las Farc), pero actualmente, los acuerdos de paz en el país celebrados en 2016, hacen renacer intentos de prosperidad y emprendimiento entre los campesinos de la zona, que buscan una vida digna y productiva.

En la cultura campoalegruna se reflejan siglos de historia, el mestizaje y la tradición rural.
En la antigüedad este territorio estuvo habitado por la nación Tama y tribus de Anaconas, Pantágoras y Otases, hasta que en 1536 Gonzalo Jiménez de Quesada llegó al valle del rio Neiva y envió dos capitanes a explorar su nacimiento, dando origen a los procesos de la conquista y la colonia, con el subsecuente mestizaje entre aborígenes y españoles.
El pueblo tardó en consolidarse como ente territorial por más de un siglo, desde que se fundara el 14 de agosto 1809, hasta que elevara su categoría de municipio, el 8 de abril de 1912.
Algunos rastros de los arcaicos pobladores pueden hallarse en los petroglifos Las Indias, sendas rocas grabadas con diseños antropomorfos y zoomorfos, hallados en 1975 y ubicadas en zona rural del municipio.
Igualmente, las antiguas huellas de la colonia se observan en la Capilla de Jesús de nazareno de Otás, que data del siglo XVIII y constituye uno de los hitos patrimoniales del pueblo.

Dos haciendas patrimoniales que hoy se conservan como museos, simbolizan el espíritu agrícola de este municipio: La Angostura y Potosí, lugares turísticos cargados de historia y paso obligado para los visitantes.

En la música y el folclor, están presentes los Rajaleñas del Huila, conjuntos de picarescos copleros, cuyo origen se remonta a la vida de las grandes haciendas del siglo XIX y que hoy perdura como patrimonio vivo representado por diversas agrupaciones musicales, como Los Hijuelapos, los Cagüingos o los Alegres del Campo.
En Campoalegre se vive alegremente el festival de San Juan y San Pedro, celebrado por tradición en todos los municipios de la región grantolimense durante los meses de junio y julio. Mientras que el Festival del arroz, se lleva a cabo en agosto.
En estas festividades circulan las músicas tradicionales de la región andina colombiana, paisaje sonoro en el que se interpretan bambucos, pasillos, guabinas, valses, sanjuaneros y rajaleñas, con formatos de música de cuerda, como duetos, tríos vocales e instrumentales y cucambas sanjuaneras.

Dueto típico de la región
Además de estos aires tradicionales, en general estos músicos populares interpretan otros géneros colombianos como porros, cumbias, vallenatos (folclor de la región caribe) y un amplio espectro latinoamericano, (tangos, boleros, rancheras mejicanas, cuecas, entre otros), en función de su rol musical en diferentes ámbitos sociales.
En la escena musical y cultural de Campoalegre existen músicos y personajes importantes que representan la idiosincrasia e identidad popular, como Luis Eduardo Gutiérrez, Efraín Cortés, Pablo Cortés, Jaime Lizcano, Gustavo Córdoba “El Hijuelapo”, Carlos Álvarez “El Bajacocos” y músicos como José Ignacio Barreiro, destacado director de la banda de viento municipal. Alrededor de esta banda, se han formado músicos y semilleros de jóvenes que hoy son una promesa cultural positiva de Campoalegre.
La expresión musical tradicional y popular se ve enriquecida por la gastronomía local, que consta de platos típicos como el sudado de capaz, el asado huilense, los tamales, la arepa orejeperro, los cocidos y sancochos, quesillos y bizcochuelos y bebidas como mistela y chicha, que se preparan durante todo el año para deleite de propios y extraños.